2018
Palabras de bienvenida a la primera junta hogareña, mayo de 2018.
Antofagasta, 5 de mayo del 2018.
Queridas compañeras, es para nosotras, para esta comisión organizadora, a nombre de quien hablo, un honor, una alegría, una tremenda satisfacción decirles a todas y cada una de ustedes: Bienvenidas a esta primera junta de ex hogareñas de la Universidad de Antofagasta.
Queremos agradecer desde lo más profundo de nuestros corazones a cada una de ustedes, que estuvieron dispuestas a detener por un momento vuestras vidas, vuestras rutinas y cotidianeidades para estar presentes hoy acá. Valoramos el compromiso y el esfuerzo realizado por cada una de ustedes.
Somos más de 40 mujeres aquí presentes, muchas de las cuales llegamos desde diferentes puntos del país para asistir a este encuentro. De tal manera, que transmitimos nuestro especial saludo a las compañeras que viajaron desde Arica, Iquique, Calama, Ovalle, Copiapó, Huasco, Coquimbo, La Serena, Santiago y Cabildo.
La etapa universitaria es recordada por muchas como una hermosa etapa de la juventud, y para las que fuimos hogareñas tiene un sello especial, puesto que, además de hermosa, también la recordamos como una etapa compleja en términos económicos, una etapa con dificultades e incertidumbres, una etapa en la que muchas sabemos que sin el beneficio del hogar universitario hubiese sido más dificultoso aún convertirnos en las profesionales que hoy somos.
Sin embargo, y pese a todas estas dificultades, la etapa universitaria y especialmente la experiencia hogareña representa una maravillosa etapa de crecimiento intelectual, pero lo más importante de crecimiento personal, en las que se forjaron grandes amistades, y en la cual supimos la importancia de valores tan significativos como la amistad incondicional, la perseverancia, la solidaridad, la tolerancia y el respeto por la otra, valores que hoy se vuelven escasos en nuestra sociedad actual.
No nos cabe duda que cada una de las que hoy se encuentra acá, sienten el orgullo de haber sido hogareñas. Y debemos sentirnos orgullosas compañeras, porque ser hogareña es sinónimo de mujer valiente, porque hay que ser valiente para salir de la casa de los padres a tan temprana edad persiguiendo el gran desafío de estudiar una carrera universitaria, llevando a cuesta sólo sueños y buenas notas.
Ser hogareña, también es sinónimo de mujer rebelde, porque como dijo el economista y periodista argentino Tomás Bulat “Cuando se nace pobre, el ser estudiosas es el mayor acto de rebeldía contra el sistema”.
Ser hogareña también significa atesorar hermosos recuerdos compartidos colectivamente. Cómo no recordar los primeros cumpleaños que pasamos lejos de nuestras familias, pero que se hacían menos tristes gracias a la compañía de otras hogareñas que con nuestro característico esfuerzo se las arreglaban para tener un engañito a la cumpleañera; cómo no recordar los esperados, entretenidos y porque no decirlo románticos inter-hogares, si fue en actividades como estas donde algunas conocieron a sus futuros esposos, formaron familias, tuvieron hijos.
En definitiva compañeras, si seguimos revisando episodios de aquella hermosa etapa hogareña, no nos queda más que agradecer lo vivido porque desde la arista que se mire fue una experiencia positiva, pese a las dificultades.
Este grupo de mujeres que hoy se encuentra acá, representa a las más de 150 hogareñas que logramos contactar desde agosto del año pasado. Muchas no pudieron asistir, por razones laborales, familiares o personales.
Si bien es cierto, este maravilloso y potente grupo que logramos juntar de ex hogareñas, tiene una experiencia común que las convoca, también es cierto que cual reflejo de la sociedad es un grupo diverso y, por ende, también tenemos diferencias: políticas, religiosas, étnicas, sexuales, sociales. La invitación, entonces, es a disfrutar en este grupo lo que nos une y respetarnos en las diferencias.
Eliminemos todos aquellos constructos sociales que nos han hecho creer que las mujeres somos peleadoras, que no nos queremos, que nos tenemos envidias, porque son sólo eso, constructos sociales emanados desde el patriarcado y la misoginia, porque hoy acá queda demostrado que cuando las mujeres nos unimos hacemos grandes cosas.
Y cómo no, si mañana sábado entregaremos con todo nuestro amor y generosidad tres becas con las cuales iremos en apoyo de tres jóvenes mujeres que están recorriendo un camino similar al nuestro.
Creo representar a todas en nuestra aspiración de lograr aportar con un granito de arena en la formación de una sociedad con mayor conciencia social, más justa, equitativa y solidaria, en la que ninguna mujer deje de estudiar por falta de recursos y oportunidades. Qué gran logro sería la educación de calidad y gratuita para todas.
Queremos enfatizar que las tres becas que entregaremos mañana llevan el nombre de Cecilia Julio Bolado en homenaje a la estudiante de enfermería hogareña que en el año 2009 truncaron su destino con un brutal asesinato a una cuadra del Hogar Universitario Lenka Franulic y cuyo cuerpo fue encontrado un mes después.
De tal manera, y considerando que este grupo lo conforman sólo mujeres, las invitamos a reflexionar en torno a los femicidios que año a año le arrebatan la vida a mujeres inocentes. El 2017 fueron 65 femicidios en nuestro país y en lo que va de este año ya suman 13 las mujeres asesinadas. Queremos declarar fuerte y claro desde aquí: Ni una menos.
Finalmente, y para cerrar, las invito a brindar por este hermoso encuentro y que sea el primero de muchos.
Vivian Rivera Rojas.
